Suicidios: la obligación es de todos

Simples deducciones por Juan Chávez.

Con una tendencia a aumentar, el suicidio preocupa a los profesionales de la salud mental de todo el mundo, y es que un suicida no es una persona con fracasos, errores, amargado o ermitaño, puede ser nuestro hermano, papá, novia, esposa o hijo; es alguien que tras una sonrisa contagiosa, un éxito envidiable y una activa vida social esconde ese tic-tac en su cerebro del escape «por la puerta falsa», un suicida no toma la decisión en un instante, quizá la acción si pero previo a ello hubo pensamientos anteriores a tomar esta decisión y los expresó de alguna manera pero nadie lo escuchó. 

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El suicidio es esa muerte que las familias no quieren que trascienda, no respeta clases sociales, edades ni sexo, la problemática no es sólo en Tepic o Nayarit, sino a nivel global; de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, en el mundo cada 40 segundos alguien se suicida ¿Lo peor? por cada persona que se quita la vida, hay 20 más que lo intentaron, por lo cual resulta fundamental que ayudemos a visibilizar esta problemática social, es obligación de todos hacer algo. 

Es indispensable voltear a nuestro alrededor y aprovechar el poco o mucho tiempo libre en quienes queremos, no sólo en nosotros mismos; darnos el espacio para preguntarle a familiares, amigos e incluso conocidos sobre sus problemas, escucharlos y mostrarles que no están solos. Y es que erróneamente no siempre las personas manifestamos de manera clara que valoramos a alguien, tal vez la falta de tiempo, la rutina o los propios problemas nos consumen, pero debemos intentarlo. 

Igual de importante es comprender que es válido sentirnos mal, frustrados, tristes, desesperados y agobiados hasta el punto de no saber qué hacer, ahí, en esos momentos debemos buscar a quienes nos han demostrado su cariño alguna ocasión, a quienes confiamos y apoyarnos en ellos, o incluso pedir la ayuda de un profesional, todo es válido para prevenir esta clase de tragedias. 

Y es que los vínculos emocionales que formas con otras personas, el amor a tu familia y seres queridos —como amigos y demás—, encontrar seres humanos con los que te identifiques y sientas unido por maneras de pensar o actuar,  son las bases para una vida plena; pero, ¿qué pasa con quienes no tienen nada de eso? o por lo menos así lo piensan y sienten.

Las tragedias suceden de un momento a otro, los malos entendidos, accidentes, problemas familiares, pérdidas de trabajo, incluso las rupturas amorosas; desafortunadamente es común el dañarse entre familiares o amigos con palabras o acciones muchas veces sin sentido pero que terminan provocando heridas en el otro. Cuando algo de eso sucede las personas estamos en riesgo de caer en depresión, de tomar decisiones que no tienen vuelta atrás.

Casi 70 nayaritas se quitaron la vida el año pasado y en lo que va de este 2020 pareciera que esta problemática tiende a incrementar en vez de disminuir; según la Secretaría de Salud del estado las mujeres son quienes más intentan quitarse la vida pero utilizan métodos no tan efectivos y por ello la mayoría de los casos de suicidio en la entidad son de hombres, quienes por lo general usan técnicas más rudas y rusticas a fin de que el asunto no quede en el intento, ya que de acuerdo a los especialistas “temen fallar y ser víctimas de burlas”.

Urge que comencemos a detectar si nuestros seres queridos manifiestan alguna «señal» de depresión o ideas suicidas (cambios en la personalidad, como tristeza, irritabilidad o apatía; en el comportamiento, como falta de concentración en la escuela o el trabajo, pérdida o aumento exagerado de apetito, insomnio o demasiado sueño, desinterés en los amigos, etc.,) y que nos enfoquemos en apoyarlos y en demostrarles que siempre hay más opciones; puede sonar extremista pero escuchar y compartir tiempo con nuestros seres queridos podría ser la clave entre la vida y la muerte. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi correo juanfechavez@gmail.com

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